24 junio, 2013

Latte art en Taïwan

¿Te imaginas ver tu propio retrato impreso en la espumita de tu café favorito? Pues esto puede ser una realidad si viajas hasta... Taiwan.

Allí como en muchos países, está de moda el fenómeno del “Latte Art” que consiste en realizar dibujos en la superficie de un café latte (o de un capuccino, un café moka o un expresso macchiato) por un barista. Dos formas de crear estos diseños son posibles: manipular el flujo de leche desde un jarro o dibujar diseños con un instrumento (llamado “etching”), con plantillas, polvos y espuma de la leche... Considerado por muchos consumidores de café como “un toque final artístico”, se ha convertido en una verdadera moda en las cafeterías de todo el mundo.

latte arte_lets caffe_Taiwan


Inspirándose de esta tendencia, la cadena de cafeterías taiwanesa "Lets Caffe" ha elaborado una máquina innovadora y totalmente conectada, capaz de “imprimir” tu foto en la espuma de tu café... Para obtener un "café personalizado", sólo hace falta sacarse una foto con un smartphone y enviarla a la máquina en cuestión. Esta última reproducirá muy fielmente tu imagen en la espuma de la bebida, con posibilidad de compartirla en las redes sociales! Creando un buzz (un efecto dominó) entre los jóvenes taiwaneses, esta idea permitió a la empresa atraer muchos nuevos clientes. ¿Un buen ejemplo de innovación al servicio del marketing o una horterada ?





17 junio, 2013

Panela & Co: para endulzarte el día


El sábado pasado, tuve como reto sorprender a mi paisana CroissantDeLune, cuyo morro fino me puso a prueba... Decidí llevarle a Panela & Co, una cafetería cosy y cosmopolita que lleva dos años arrasando en Madrid.

Entras por la puerta y...

Te llama la atención este espacio alargado en plan "barista", donde contrasta el blanco de las paredes con los colores de los bizcochos esponjosos que parecen hacerte un guiño desde su cubre-tartas de cristal. Te imaginas a Carrie Bradshaw pidiendo un bagel y hojeando el Vogue mientras espera a sus amigas...
Panela & Co_Madrid

10 junio, 2013

¿Las francesas no engordan?


¿Desde cuándo las francesas no engordan? Pues desde el 2004, año en que Mireille Guiliano publicó en Estados Unidos un libro con este provocativo titular: “French Women Don't Get Fat”. Traducido desde entonces a más de 20 idiomas, no sólo llegó al podio de los best sellers del New York Times sino que también se vendió como rosquillas en Europa…

Los hechos: Guiliano es una escritora francesa (eso sí) pero también una mujer de negocios residente en Nueva York que vende champán de lujo en EEUU, un país (recuerdo) donde piensan que los franceses somos todos románticos, que llevamos una boina para ir al supermercado y que comemos queso para desayunar, ranas para comer y caracoles para cenar…
Las francesas no engordan
Foto superior izquierda The TomKat Studio

Resulta que el libro se basa en una filosofía hedonista tentadora: la dieta de las mujeres francesas, cuyo principal ingrediente es el placer “medido”, es la mejor fórmula para mantenerse esbelta y feliz. Nada de privación ni de sentimientos de culpa alrededor de la comida, su secreto es disfrutar de la comida. ¡¡Qué bien, yo soy francesa y no me había enterado!!
La autora recomienda básicamente hacer tres comidas importantes al día, consumir porciones más pequeñas con muchas frutas y verduras, beber mucha agua, usar las escaleras en lugar del ascensor, y no privarse de los placeres de vez en cuando. Yo, más que una dieta a la francesa llamaría esto “sentido común”, ¿no? O igual en Texas no se enteran…
Creo que es cierto que la delgadez está muy valorada en Francia, en un país donde la tiranía de los diseñadores obligan a las niñas a ser muy cuidadosas con los excesos. Pero llegar a decir que son felizmente delgadas despreocupándose del tema y poniéndose finas de vino tinto y queso Brie parece un poco cliché. Según las más recientes estadísticas, casi el 40% de los ciudadanos franceses están en sobrepeso y la tasa de obesidad, aunque menor que en muchos otros países de Europa, está creciendo a un ritmo preocupante. Por otro lado, la anorexia nerviosa es la nueva epidemia de las adolescentes galas.
No nos vamos a engañar, es cierto que hay francesas que no engordan nunca: las que no comen… Todas las demás, están sujetas a las mismas leyes que sus vecinas españolas: las de las magdalenas que caen directamente en los glúteos o las del síndrome del capricho dulce que se regalan porque “se lo merecen”…
En definitiva, lo que adelgaza en cualquier país del mundo no son las infusiones de diente de león, la cura de la piña o él te de anís estrellado, sino la fuerza de voluntad, y (que yo que sepa) no fue inventada por una francesa. Pero recordar, siempre hay que desayunar ;)


Leer este post en francés

03 junio, 2013

En busca del Croissant Ideal...


No es imposible encontrar Croissants en la vibrante capital española, pero la cuestión es encontrar AL Croissant. Este que os  reconcilia con la vida, que os deja una huella dulce en los labios, que os tortura de culpabilidad. Pero como toda perfección, necesita una dura selección. Hay que admitirlo, el mercado de los Croissants en Madrid es rico en cantidad pero pobre en calidad. Todo doble sentido encontrado en este artículo sería totalmente fortuito...


croissant y chocolatina
Foto petitplat.fr

27 mayo, 2013

La Magdalena de Proust


Marcel Proust on a sofa, c.1900, 
published in LIlustration.


Cada uno de nosotros tiene una "Magdalena de Proust": un objeto, un sabor, un color u olor desencadenantes del recuerdo… que evoca momentos del pasado y libera emociones enterradas. ¿Pero sabíais de donde viene esta expresión? 

En uno de los más bellos libros de la literatura universal "A la búsqueda del tiempo perdido", de Marcel Proust, el primer volumen empieza con el protagonista embebiendo en una taza de té una magdalena, cuyo sabor desencadena los recuerdos de su infancia…

Os invitamos a saborear estas líneas, que se han convertido en las más conocidas del autor francés y reflejan el tratamiento que hace Proust de la memoria involuntaria a lo largo de toda su obra.




Madeleines de Commercy by Mary. Do.





«[…] En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té […]».

(Marcel Proust, En busca del tiempo perdido: Por el camino de Swann)